Diariamente nos empeñamos para celebrar las pequeñas victorias. Las buscamos, presionamos para que sucedan.

Son las que nos dan energía para que sucedan sueños grandes, nos regalan alegría para seguir en camino. Nos llenan de adrenalina.

Éstas nos conectan con la acción. Despiertan la iniciativa, abren posibilidades:

  • Escribir ese mail.
  • Dialogar con el equipo sobre una idea.
  • Hacer la presentación, en borrador, pero hacerla.
  • Presentar la primera “punta” para un proyecto.
  • Coordinar la primera reunión.
  • Realizar la versión 1 del proyecto.
  • Proponer una fecha.

Celebrar las pequeñas victorias nos conecta con el propósito.

Para nuestra compañía, que tiene muchos objetivos importantes este año, es fundamental fluir en la cultura de celebrar el hacer.

Celebrar es obtener. Es compartir logros. Transmitir confianza. Facilita a nuestra intuición a mantener la dirección que nos trae resultados.